Desde que era niña, ya sabia patinar, pero el echo de que haya dejado de hacerlo me hizo desconfiar de mi misma (de nuevo).
Ya comenzaba a dar los primeros pasos sobre ruedas, pero ver a aquél niño patinando de una forma sorprendente, me motivó a seguirlo hasta dónde él tenía que ir.
Me condujo hasta una avenida con un semáforo en lo alto. Era como cualquier calle transitada, excepto por los competidores que esperan la señal verde del semáforo.
Al cambiar la señal, los concursantes salieron a toda velocidad en sus patines dispuestos a llegar en primer lugar a una meta invisible.
Como me estaba costando mucho trabajo patinar sin caerme y golpearme las rodillas, avancé despacio.
No sé cuanto recorrí pero vi una reja de color amarillo. La reja tenía una entrada. Y era un laberinto,
Decidí entrar y conforme más me adentraba en la reja-laberinto, me asustaba cada vez más al ver a un sin número de hámster indicándome por donde ir.
Al doblar hacia la derecha, tal y como me indicaban los pequeños, vi una horrenda y grande rata gris. Estaba muy peluda y me daba cosa acercarme. De pronto, muchos hámsteres comenzaron a morderme las piernas y a treparse en mí.
Quise salir corriendo cuando vi a la rata gorda partirse a la mitad. Sin embargo, me detuve para darme cuenta de que el hombre más apuesto que había visto estaba saliendo del pelaje de la rata. ¡Qué cosa más rara! Pero lo más raro fue que su rostro me parecía conocido.
Traté de no sonrojarme al ver por primera vez el cuerpo de éste hombre, y debo admitir que fue el primero que veía en toda mi vida.
Me acerqué lentamente y los ratoncitos se me fueron quitando de encima conforme me acercaba a este hombre.
No me logro explicar cómo fue que me enamoré de él. Fue a "primera vista".
Le pregunté qué donde era y me sorprendió que no me contestara y que sólo me mirara de una manera tan profunda, como si él pudiese ver algo diferente a mí.
Lo cubrí con una de mis prendas por su cintura, lo tomé de la mano y lo conduje exactamente por donde yo entré.
Me pareció que los hámsteres se molestaron por alejarlo de su hogar, y a pesar de sus dolorosas mordidas, el hombre más apuesto ante mis inexpertos ojos y yo, una niña común y corriente nos alejamos tomados de la mano.
Fueron los días más hermosos de mi vida: Él y Yo.
Conmigo aprendió la difícil manera de los hombres, aprendió TODO. Y quizá fuera su interesante gracia o su forma de hacer las cosas, lograba cautivar a todas las chicas que no lo perdían de vista.
Crecí un poco más y fue lo suficiente para notar que él ya no estaba conmigo.
¿A cuantas mujeres logró enamorar y cuantas les rompió el corazón? Jamás lo sabré.
Fue mi segunda decepción amorosa. Yo era tan joven, pero lo siguiente que hice no se justificará jamás.
Lo devolví a donde él pertenecía originalmente. Ya no era el hombre del que me había enamorado y no podía permitir que lastimara de ésta forma tan cruel y salvaje al estilo roedor.
Con lágrimas en los ojos, él se despidió de todo: del mundo al que nunca debió entrar.
Y volvió a ser Una Rata Horrorosa y Grande.
1 comentario:
jujuju que buen blog la verdad esta muyy bueno este de (rareza) tenia un buen que no leia algo y esto si me atrajo mucho jejeje cuidate saludos haber que dia te dejas ver no jejeje
Publicar un comentario