Con el Realismo Socialista, se nos ha estado vendiendo un “Relato que presentara al nuevo hombre socialista, aquél que dedica su entera vida a la consecución de la felicidad de la entera Humanidad.”[1] Ésta utopía está actualmente siendo sólo eso, ya que son muy pocos los que se dedican a mejorar su Sociedad.
El Estado muchas veces nos dice que las decisiones que toma por nosotros son totalmente para nuestro bien cuando muchas veces no es del todo cierto. Como Sociedad tendemos a creer que lo que se nos dicta debemos cumplirlo al pie de la letra; el tema del aborto, por ejemplo:
Es inaceptable pensar en privar de la vida a un “humano”, pero por otro lado, es aún más inaceptable que una mujer “culta” tenga hijos sin terminar sus estudios, que no esté casada y que no pueda con tanta responsabilidad.[2] Éstas ideas se nos vienen metiendo poco a poco haciéndonos creer que definitivamente el aborto la mejor opción.
Éste tipo de temas son los que nos hacen entrar en eternos conflictos con TODOS los individuos de la Sociedad, “todo depende del punto de vista” y es cierto, pero ¿en dónde entra la Moral?
Como seres individuales debemos tomar decisiones que sean para nuestro beneficio sin dañar a terceros, pero ¿qué pasa cuando una fuerza mayor nos ordena qué hacer?
Nuestros representantes, debo nuevamente suponer, que hacen lo mejor para solucionar los problemas de nuestro país y, nosotros los ciudadanos, debemos respetar enteramente todas nuestras leyes adoptadas por “los del poder”.
“La Verdad está con los que sufren y con los humillados, el poder corrompe...”[3]
Si con nuestra historia nos damos cuenta de que los que tienen el poder buscan sólo su beneficio, el hacerse de toda la riqueza posible, explotar sus recursos y mantener ignorantes a todo el pueblo para que no hagan absolutamente nada por detenerlos.
Como ciudadanos y miembros de la Sociedad, es muy importante que participemos en las acciones que toman nuestros representantes. Con la Democracia tenemos el “derecho fundamental a ser escuchados y reconocidos como iguales en la discusión.”[4] Actualmente, somos manejados por la Solidaridad de la Cámara de Diputados y Senadores quienes con sus “repentinas intrusiones de la verdadera política comprometen lo que Rancière llama el orden policial, el orden social pre-construido.”[5]
Para que nuestras voces sean de verdad escuchadas, como Sociedad debemos unirnos sin dejar por ningún motivo que los intereses personales se interpongan en nuestra lucha. El error que cometieron los alemanes “contrarrevolucionarios”, que dejaron de llamarse EL PUEBLO, fueron rápidamente oprimidos por las negaciones de su gobierno:
1. La Archí-política:
Los intentos “comunitaritos” de definir un espacio social orgánicamente estructurado, tradicional y homogéneo que no deje resquicios desde los que pueda emerger el acontecimiento político.
2. La Para-política:
El intento de despolitizar la política. Se acepta el conflicto político pero se reformula como una competición entre los partidos y/o actores autorizados que, dentro del espacio de la representatividad, aspiran a ocupar el poder ejecutivo.
3. La Meta-política marxista:
Reconoce plenamente la existencia del conflicto político, peor no como un teatro de sombras chinas en el que se reflejan acontecimientos que en verdad pertenecerían a otro escenario, el fin último de la “verdadera” política sería, por tanto, su auto-anulación, la transformación de la “administración de los pueblos” en una “administración de las cosas” dentro de un orden racional absolutamente auto-transparente regido por la Voluntad colectiva.
4. La Ultra-política:
El intento de despolitizar el conflicto extremándolo mediante la militarización directa de la política, es decir, reformulando la política como una guerra entre “nosotros” y “ellos”, nuestro Enemigo, eliminando de cualquier terreno compartido en el que desarrollar el conflicto simbólico. [6]
Cada uno de estos supuestos representan otros tantos intentos por neutralizar la dimensión de los demos para reclamar sus derechos.[7]
Con la Filosofía Política, que es un esfuerzo por anular la fuerza desestabilizadora de lo político, un apego o regularización para mantener un cuerpo social pre-político o una fijación a las reglas de la competición política se ha formado una defensiva contra la post-política, que ya no sólo reprime, sino que excluye a al pueblo de la forma de gobierno.[8]
En la post-política, los distintos contendientes son sustituidos por la colaboración de los expertos en política y los multiculturalistas para formar una visión futura tomando en cuenta las necesidades de la gente de una forma funcional.
Con estas nuevas formas de gobierno se lleva a discusión si la “Globalización” o la “Universalización” es la forma más funcional para todos. En donde la Globalización ya no sólo se refiere al mercado, sino a su vez se ven también implicados los derechos humanos.
La post-política nos lleva a una forma de gobierno en la que nos vemos oprimidos y/o privados de los derechos que nos corresponden. Con la Globalización nos vemos en continuas crisis y por lo tanto aumentan de una forma monstruosa las necesidades del pueblo.
La gente comienza a buscar la forma de generar más ingresos para cubrir todos sus gastos y por lo tanto tiene migrar, ya sea a otra ciudad u otro país, ocupando así el empleo de otro que vive en ese sitio. Es así como comienza la intolerancia con la gente que viene de otros lugares, ellos ocupan el lugar que podríamos tener nosotros por “derecho” y nos vemos en guerras constantes de las pocas oportunidades que se abren. “La Amenaza postrera a nuestra identidad: una Cosa que debe ser aniquilada si queremos sobrevivir”.[9]
En México esto es muy cotidiano. A la falta de oportunidades como la concesión de empleo o mejores condiciones de trabajo y salarios más dignos, el pueblo protesta con huelgas o boicots, en donde demuestra su total desacuerdo con la forma de gobernar de los que tienen el poder.
La post-política moviliza todo el aparato de expertos para asegurarse que el pueblo quede de alguna manera “satisfecho” con la solución, de ahí que la única manera en que la gente inconforme sea escuchada sólo si se comporta de forma violenta por los lugares en donde se manifiesta.
Todo esto nos hace caer en un eterno ciclo sin fin en el que al parecer la única forma de ser gobernados como verdaderamente deseamos, es llegando hasta los extremos más violentos a los que podamos.
Hemos visto la manera en la que otras naciones resuelven estos tipos de problemas sociales y de los cuales nos dejamos influenciar la mayor parte del tiempo, creyendo ciegamente en que los demás hacen así las cosas porque es la mejor forma, sin darnos cuenta muchas veces en que las culturas llegan muchas veces a chocar por la diferencia de opiniones.
Cada nación debe resolver sus problemas de la manera más pacífica posible sin llegar a conflictos sociales-culturales. “Nos encontramos así cada vez más encerrados en un espacio claustrofóbico, en el que sólo podemos oscilar entre el no-Acontecimiento del suave discurrir del Nuevo Orden Mundial liberal-democrático del capitalismo global y los Acontecimientos fundamentalistas que vienen a perturbar las tranquilas aguas del océano capitalista”[10]
Dentro de las estructuras universales, Étienne Balibar explica la Universalidad en tres niveles:
1. Universalidad Real:
De la Globalización con el proceso complementario de las “exclusiones internas”.
2. Universalidad de la Ficción:
Que rige la Hegemonía Ideológica.
3. Universalidad de un Ideal:
Como la representada exigencia revolucionaria que alimenta una insurrección continua entre el orden existente y no puede ser integrada a ese orden.[11]
Con estas Universalidades, nos encontramos a la vez en una de ellas o en todas. Realmente, al gobierno se le ve como una forma de rechazo para el pueblo que intenta participar en la forma de hacer las cosas y que se siente excluido cuando trata de dar su opinión. Si es que aún finge que vivimos en el realismo socialista, nos estamos abriendo paso a una serie interminable de mentiras cubiertas y que buscamos la manera de satisfacer sólo nuestras necesidades materialistas y de ninguna manera intentamos mejorar a la sociedad en la que nos vemos obligados a vivir. Sería perfecto si se estuvieran tomando cartas en el asunto. Nos vemos rodeados de las peores actitudes en las que podemos vivir y al parecer no nos interesa en lo más mínimo cambiar nuestra visión. Son muy pocos los que intentan sinceramente cambiar a nuestro país y a nuestro mundo haciendo lo correcto en la búsqueda de un bien común.
Como intentamos ya no vernos como seres intolerantes o racistas con los demás integrantes de nuestra sociedad, sabemos muy bien fingir que estamos apoyándolos en su lucha por ser también tratados como los seres humanos que son. Libres y llenos de todos sus derechos.
Con la cara multiculturalismo que hemos logrado muy bien disfrazar, reconocemos que las personas con discapacidades o con formas de pensar enteramente distintas a lo que la cultura nos obliga a ser, es también válido. Podemos reconocer sus derechos como individuos que son pero muchas veces los señalamos como “lo que no debe estar”.
En la Sociedad es importantísimo quedar bien con los demás, mostrar una sonrisa y seguir con nuestras vidas que se ven involucradas en un drama de falta de oportunidades por no llenar los requisitos de lo que la misma sociedad espera ver de cada uno de nosotros.
Para llenar el enorme vacío que sentimos de nosotros mismos, es más fácil maltratar a los que son “inferiores” a nosotros, destruir sus sueños y destruir toda su vida. Es más fácil hacerlo sentir a él o ella mucho más inferior tan sólo por encontrar diferencias en ellos y un ejemplo claro son los inmigrantes que por razones de fuerza mayor han tenido que llegar hasta aquí para vivir mejor.
Es mucho más sencillo humillar al que carece de derechos y oportunidades simplemente porque su cultura y costumbres son muy distintas a las nuestras “El respeto multicultural por la especificidad del Otro no es sino la afirmación de la propia Superioridad.” [12]
“El retorno a la primacía de la economía pero no en prejuicio de las reivindicaciones planteadas por las formas posmodernas de politización, sino precisamente para crear las condiciones que permitan la realización más eficaz de esas reivindicaciones”.[13] Permitir que los “diferentes” formen parte de la vida cotidiana de todos es una mejor manera de cambiar la forma de pensar de los “no diferentes”. Es de vital importancia que todos contribuyan para vivir en armonía.
Y ya que todos vivimos en este Mundo, vamos haciendo cada vez más difícil la forma de “vida”. Vamos destruyendo el Planeta, vamos dirigiendo a nuestra especie a su propia extinción. Con una cultura de respeto lograríamos cambiar totalmente la visión fatalista del fin del Mundo.
[1] Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia, Tr. J. E. Ceballos y A. J. Antón, Ed. Sequitur, Madrid, 2008, pp. 13
[2] Ibíd., pp. 14
[3] Ibíd., pp. 21
[4] Ibíd., pp. 27
[5] Ídem.
[6] Ibíd., pp. 28 y 29
[7] Ibíd., pp. 30
[8] Ibíd., pp. 31
[9] Ibíd., pp. 36
[10] Ibíd., pp. 50
[11] Etienne Balibar, “Politique et philosophie avant et après Marx”, Galilée, París, 1997, pp. 241-254
Cit. por Ibíd., pp 51
[12] Ibíd., pp. 57
[13]Ibíd., pp. 69 y 70
1 comentario:
Y cómo te definirías ideológicamente?
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