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miércoles, 21 de abril de 2010

Progreso Técnico y Mundo Social de la Vida


A la relación entre Ciencia y Literatura se les ve en discusión. “A la Ciencia, en el sentido de Science, se la restringe en esa discusión a las ciencias estrictamente experimentales, mientras que a la literatura se la entiende en sentido lato y en cierto modo incluye también lo que nosotros entenderíamos como interpretaciones que caen dentro de las ciencias del espíritu.”[1]
Se hace mucho la diferencie entre estas dos palabras pues la Literatura se ocupa más en las experiencias propias de ver el mundo y la realidad y a la Ciencia, se ocupa del mundo social y de los individuos en general que experimentan en el mundo.
“En el siglo XIX, se podía sustentar la idea de que las ciencias penetran en la práctica de la vida por dos canales distintos: en primer lugar, por la utilización técnica de las informaciones científicas y, en segundo lugar, por la vía del proceso de la formación individual que representa el estudio de las ciencias.”[2]
Sin embargo, esta relación tiende a enlazarse pues se necesitan teorías para llevar los conocimientos a la práctica. Se necesita tener un por qué para las ciencias y muchas veces esa razón se encuentra en las mismas necesidades de una sociedad. Por ejemplo, para la sociedad que necesita mejores condiciones de vida para los individuos, es importante contar con técnicas científicas para transformarlas a tecnologías pero a su vez, las tecnologías se desarrollan en el ámbito literario, ya que deben ser planeadas para llevarlas a la práctica.
“La correspondiente práctica profesional tiene que adquirir la forma de un dominio técnico sobre procesos objetivados.”[3]
En la sociedad, sus individuos aplican todos los días la ciencia en sus técnicas de administración y producción. Cada individuo tuvo que estudiar las técnicas y practicarlas y necesitó de una formación para lograrlo adecuadamente.
Todas estas técnicas han ido evolucionado con el tiempo pues se necesitaba un método para realizarlas para después aplicarlas en la sociedad. Esto tuvo que plantearse cuidadosamente e irse incorporando poco a poco en la vida diaria de toda la sociedad.
Las tecnologías no dispersan al hombre de la acción. Lo mismo antes que ahora, hay que dirimir los conflictos, hay que hacer valer los propios intereses y han de encontrarse interpretaciones todo ello tanto por medio de acciones como de negociaciones ligadas al lenguaje cotidiano. Solamente que estas cuestiones prácticas vienen hoy día ampliamente determinadas por el sistema de nuestras realizaciones técnicas. [4]
La técnica surge de la ciencia y esto se aplica para toda la sociedad, por lo tanto, la ciencia no es solo para unos cuantos.
Para entender mejor el problema entre literatura y ciencia, Marx plantea que la ciencia debe ser democrática para llegar al éxito de la sociedad, pero Freyer establece que se debe de hacer ciencia y después buscar un uso para la sociedad. Sin embargo, Schelisky sustentó que las “normas y leyes políticas se ven sustituidas por coacciones dimanantes de la legalidad propia de una civilización científico-técnica, a las que no se puede concebir ya como decisión política ni entenderse como normas dictadas por la conciencia o por una visión del mundo.”[5]
Hoy en día, la dirección del progreso técnico depende de las inversiones públicas, con esto no puede aceptarse la suposición de una unidad en las técnicas ni de una democracia.
La dirección del progreso técnico sigue estando hoy ampliamente determinada por intereses sociales, que provienen de formas espontáneas de reses sociales, que provienen de forma espontánea de la coacción a la reproducción de la vida social, sin que se reflexione sobre ellos como tales y sin que se los confronte con la autocomprensión política explicita de los grupos sociales.[6]
Si las técnicas ya son únicamente para beneficio de algunos, tenemos que dialogar en cómo va a beneficiar a la sociedad.


[1] Jürgen Harbermas, Ciencia y Técnica como Ideología, Editorial Tecnos, pp. 113
[2] Ibíd., pp. 118
[3] Ibíd., pp. 120
[4] Ibíd., pp. 122
[5] Ibíd., pp. 126
[6] Ibíd., pp. 127 y 128

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